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Álex Vega: 31 años, casado y dos hijos. Mecánico. Trabaja en la mina desde hace nueve años y, durante la tragedia, 28 familiares han esperado su rescate en el campamento.
Luis Urzúa Iribarre: 54 años y dos hijos, Noelia y Luis. Estudió topografía. Ha trabajado
31 años como minero, pero llevaba dos meses trabajando en la mina San José. En el
momento del derrumbe, se desempeñaba como jefe de turno, rol que lo convirtió en
uno de los líderes de los 33 mineros atrapados. Fue el autor de los planos del refugio
de la mina y promovió la idea de mover al grupo hacia un área menos húmeda. También
organizó el sistema de racionamiento de los alimentos, distribuyó el espacio que
ocuparían bajo tierra y fue el primero en hablar vía citófono con el Presidente Sebastián
Piñera y con el ministro de Minería, Laurence Golborne.
Omar Reygadas: 56 años y cuatro hijos. En sus más de treinta años como minero ha estado tres veces atrapado bajo tierra. Conocido como “el Chico Omar”, sus familiares aseguran que sólo le gusta trabajar en yacimientos subterráneos.
Carlos Mamani: 24 años y una hija de año y medio. Boliviano inmigrante en Chile. Casado con Verónica Quispe, de 20 años. Llevaba dos meses en el yacimiento San José. Su suegro, Jonny Quispe, también trabaja en la mina y sólo 20 minutos de diferencia lo salvaron de quedar sepultado bajo tierra. Es hincha del equipo de fútbol Bolívar.
Samuel Ávalos: 43 años y tres hijos, Jonathan, de 18, Carolina, de 9, y Eduardo, 2 años. Su pareja, desde hace 21 años, es Ruht Guzmán Donoso. Es oriundo de Rancagua, pero hace cinco meses que vive en la Región de Atacama, donde se radicó en la población Vicuña Mackenna.
Juan Andrés Illanes: 52 años, casado y con un hijo de 20. Electromecánico. Es fanático de la carpintería y de los autos. Levantó un taller en su casa y, antes del derrumbe, dejó los materiales listos para hacer una mesa. Además, sus aptitudes para el canto lo llevaron a formar parte del coro de la Iglesia de Chillán.
Mario Gómez: 63 años, cuatro hijas y siete nietos. Conductor. Desde los 12 años que trabaja como minero. Está casado con Lilliam Ramírez, de 51 años. El “Mocho Gómez” escribió la carta que venía junto al mensaje donde explicaban que estaban bien los 33. Es el mayor del grupo y tiene 51 años de experiencia. Desde el derrumbe, cerca de 31 familiares, entre hermanos, sobrinos, primos y nietos, esperan el día del rescate.
Pedro Cortés: 26 años y una hija. Electricista. Amigo de la infancia de Carlos Bugueño, otro de los mineros encerrados. Es hincha del Colo Colo y sus amigos y familiares lo definen como simpático, alegre y bueno para las bromas.
Darío Segovia: 48 años, 13 hermanos y 6 hijos. Lleva 40 años trabajando como minero y tres meses trabajando en la mina. Es conocido como “El Capacho”.
Claudio Acuña: 34 años y un hijo. Perforista. Llevaba tres días trabajando en la mina cuando fue víctima del derrumbe. Llegó hasta el yacimiento para aprender a operar maquinaria pesada y terminó celebrando su cumpleaños número 35 bajo tierra.
Víctor Segovia: 48 años y cinco hijas. Perforista. Mantiene una bitácora del encierro. A su salida, publicará un libro que relata la historia de los 33 mineros que sobrevivieron 700 metros bajo tierra. Le gusta la música y toca acordeón, órgano y guitarra eléctrica.
Esteban Rojas: 44 años, cuatro hijos y 25 años de casado. Cargador de explosivos. Su esposa, Jéssica Yáñez, de 43 años, comentó que el día del derrumbe a Esteban no le correspondía trabajar. Desde esa fecha ha estado encerrado bajo tierra junto a sus primos Ariel Ticona, Darío Segovia y Pablo Rojas. Llevaba seis meses trabajando en la mina.
Carlos Barrios: 27 años, un hijo de cinco años y otro en camino. No sabe que va a ser papá de su actual novia Carolina Véliz. Quienes lo conocen dicen que tiene tanto carácter que, a patadas, debe haber buscado una salida en la mina, tras el derrumbe del 5 de agosto. Fanático del fútbol, llevaba seis meses trabajando en el yacimiento.
José Ojeda: 47 años y una hijastra. Lleva 27 años en las minas. Conductor de maquinaria pesada. José fue el redactor de la frase “Estamos bien en el refugio los 33”. Es viudo desde hace ocho años.
Carlos Bugueño: 27 años, sin hijos. Cambió su trabajo de guardia de seguridad por la mina San José, pensando en que éste sería el camino más corto para poder comprarse un auto y una casa. “Carlanga” vive en Tiltil Bajo y es fanático de la Universidad de Chile.
Raúl Bustos: 40 años y dos hijos, uno de cinco y otro de tres. Mecánico. Llegó a la mina al quedarse sin trabajo en Talcahuano tras el terremoto de febrero. Solía trabajar dentro de los barcos. Llevaba solo dos meses en la mina San José. Al momento del derrumbe ya había terminado su turno, sin embargo, debió permanecer unas horas más para reparar una máquina que estaba averiada.
Daniel Herrera: 27 años, soltero, sin hijos, dos hermanos. Dejó su trabajo como taxista para entrar a la mina en enero pasado. Al momento del derrumbe se desempeñaba como técnico y chofer de camión.
Jimmy Sánchez: 19 años y una hija de tres meses. Es el más joven del grupo de los 33. Su padre, su abuelo y sus hermanos han trabajado en la mina San Esteban.
Richard Villarroel: 26 años y será papá de su primer hijo en noviembre. Hace dos años viajó desde Coyaique al norte en busca de mejores oportunidades y encontró trabajo en la mina.
Ariel Ticona: 29 años, tres hijos, una de ellos es Esperanza, quien nació durante su encierro. Conductor de maquinaria pesada. No quiso salir en el primer vídeo de los mineros. Su padre también es trabaja en minas.
Juan Carlos Aguilar: 49 años y dos hijos. Lleva 19 años como minero.
Renán Ávalos: 29 años. “El Negro”, como le dicen, llegó a la mina San José luego de que su hermano Florencio Ávalos lo llevara hace cinco meses hasta el yacimiento. Antes de eso se dedicó por mucho tiempo al cultivo y la cosecha de la uva. Es oriundo de Colliguay.
Edison Peña: 34 años, sin hijos. Tiene dos grandes pasiones: cantar canciones de Elvis Presley y practicar triatlón. Su pareja, Angélica Álvarez, de 43 años, es dueña de una pensión en Copiapó. Edison es proveniente de Santiago, donde vive el resto de su familia.
Florencio Ávalos: 31 años, es oriundo de Salamanca y minero desde hace ocho años. Hasta el derrumbe se desempeñaba como jefe de mina y tras la tragedia asumió el rol de capataz. Dentro del yacimiento se encargó de registrar con cámara de video cada uno de los saludos y discursos de sus compañeros, transformándose en el camarógrafo oficial del equipo. “Flor”, como le dicen sus amigos, es hermano de Renán Ávalos y cuñado de Osmán Araya. Está casado con Mónica Araya, quien desde el primer día esperó el rescate de su marido junto a 24 familiares.
Biografías de los 33 mineros chilenos que han sobrevivido
68 días a más de 620 metros
de profundidad bajo tierra
Viene...








