wp38896098.png
© www.comunalatina.com 2005 -Todos los derechos reservados -Londres - Inglaterra 2008
wp7835a5af.png
wp4c7a31c8.png
Gente Latina   |  Salud  |  Mundo | Familia | Deportes | Cursos Online | Contáctenos |           RSS               
wpea1b580e.png
Ultima Hora!
wp3b669679.png
wp42ca3a55.png
wp66cb5900.png
wp5f4a342f.png
wp1ba2a186.png

Otros  titulares

Comuna Latina.com

Opinión latinoamericana

Juan Eugenio
Ceballos Betancourt

wp2585b536_1b.jpg

El sueño del Presidente Uribe

Entre los desvelos que el presidente Uribe confiesa, no lo inquieta el
acuerdo humanitario. Se preocupa, según menciona, por los 270
secuestrados al año, por la alta tasa de desempleo, por el índice de
pobreza y por los asesinatos. Cuando el mandatario se revuelve en
su lecho, dudo que lo haga por culpa de Chávez, Piedad Córdoba,
su primo Mario Uribe, los magistrados de la Corte Suprema, Yidis o
Daniel Coronell, aunque sea una verdadera pesadilla.

No, el presidente de Colombia duerme tranquilo, porque el 'respaldómetro'
marca un 83% de aceptación y porque José Obdulio Gaviria, el calculador
asesor, vela su sueño. Como todo un Sancho.

A veces pienso que el jefe del Estado más bien sueña con un avión repleto de personas —una especie de Vuelo 93— que ordena derribar para salvar al país del inminente choque contra una multitud. Sus ocupantes son los secuestrados y la multitud el potencial secuestrable. Y él, un héroe medido con exactitud matemática, aclamado y venerado por su persistencia y reciedumbre: decidió inmolar un puñado para salvar la manada. Todo por la seguridad democrática.

Los secuestrados llevan cuántos: ¿cinco años aguantando la catalepsia del gobernante? Chiiii.... pasito, que afuera no se enteren: recuerden las bondades de la percepción económica para atraer inversión; por eso también ha merecido aplausos el Presidente. Bastante ocupado anda con otros temas: la azarosa parapolítica, agarrando narcos y desviando juicios hacia la izquierda. (Gustavo Petro, León Valencia e Iván Cepeda).

Cuando no es al revés, los turna, para que pasen a segundo plano las súplicas que retumban desde la selva: "Un acuerdo humanitario nunca es un signo de debilidad (...) presidente Uribe, un acuerdo humanitario es una concesión a nuestras familias y a la vida": Alan Jara.

O... "Reconsidere su pétrea actitud de no al despeje (...) Soy un barco que me hundo con las luces prendidas": Óscar Tulio Lizcano. Y... "Al presidente Álvaro Uribe: creemos en su corazón grande, creemos que la mano firme se puede dejar a un lado, ya que todos nosotros somos seres humanos que pensamos, sentimos y amamos": teniente Javier Rodríguez, secuestrado en 1998. Pero no esperen del presidente de Colombia que en su lecho apoye los brazos, levante la cabeza y abra los ojos; y si lo hace, ahí estará José Obdulio despabilado para encogerse de hombros.

Y este les dice Chiiii.... —a los colombianos—, no lo despierten porque eso es malo. Ni falta que hace, la mayoría (los mismos que opinan que si en Colombia no hubiera sido por los paramilitares ¿en dónde estaríamos?) respiran felices con el Presidente: aprueban la gestión económica, y dicen estar más seguros. Entretanto, los secuestrados se pudren. No hay humanidad, excepto la que el mandatario remoja en agua termal, para relajarse, para que no lo despierten sus alucinaciones.

Es que, cuando el primer mandatario mece su cama, aparenta padecer pesadillas; y en su balbuceo replica a Sarkozy: "Liberen a esa mujer", refiriéndose a Íngrid. —¿A qué juegan?— Y rememora sus palabras: "A mí me duele que en Colombia se nos haya cerrado el corazón, se nos haya endurecido el entendimiento; que para el secuestro la única solución es dejar que el tiempo pase, como si la vida del ser humano no contara (...) Lo que no acepto es el abandono del Estado colombiano".

El presidente Uribe cree que hacer patria es aceptar la reelección, andar y señalar; acabar con la guerrilla sin importar los métodos y las formas. Ni el número de gobiernos que lleven confinados muchos de los secuestrados, ni la juventud enterrada, ni el amor ausente del hijo, del padre, del compañero o el abandono conyugal.

En la profundidad de su sueño poco le anuncian las señas, la mímica y las figuras chinescas en los videos de supervivencia. Si logra descifrar la charada, notará personas graficando el abandono del Estado. Cuerpos magullados, sensibles; aún con neuronas, que se aferran a la cornisa de un Estado que proclama en su Constitución defender el derecho a la vida. Los cautivos no escogieron ser colombianos, tampoco Álvaro Uribe; pero sí representarlos.

¡Listo señor Presidente! Pasó a la historia. Se sabrá satisfecho porque encajó en el espacio histórico preciso en el cual ejecutó su ortodoxia. Algo mejor que leer los epitafios de los cautivos inmolados, sería que algún día despierte y exprese: Tan raros que son los sueños.